miércoles 19 de septiembre de 2007

Yo, Pedro Cieza de León, 472 años después...

a Alimache, dos veces, cada 472 años...

Alimache,
Alimache,
fue tu nombre
ayer voz y ave
hoy templo y clave.
¿Adivina quien eres?
¿Adivina quien soy?

Alimache,
todo lo informaste.
El día en que tus oportunos labios
depositaron los silencios
ante los misterios cotidianos,
fuiste amistad,
testimonio y detalle.

Alimache,
la voz de Manco Inca pasaste.
Alimache,
todo lo tocaste.
El día en que tus cargadas manos
tocaron los recintos culturales
fuiste hada,
encrucijada y retrato.
Alimache,
junto a la epopeya temblaste.

Alimache,
todo lo corriste.
El día en que tus descalzos pies
inventaron en las afueras
los senderos nevados
fuiste maestría,
juridicción y cárcel.
Alimache,
chasqui te hiciste.

Alimache,
todo lo escuchaste.
El día en que tus profundos ojos
iluminaron los jeroglíficos urbanos
fuiste sapiensia,
tribu y arcano.
Alimache,
en otro idioma volviste.

Alimache,
Alimache.
Todas las noches de esos días,
juré la piedra de los
desconciertos,
misio temí lo peor.
Todas las noches de esos días,
recorrí imaginario
las latitudes de tu reino,
como un juglar herido,
sin versos ni cantares,
como un paje huido
sin librea ni castillo.

Alimache,
Alimache,
resucitaste en el verso alborotado
cuatrocientos setenta y dos años
y una noche después.
Aun escucho el grito en los valles.
Cieza de León aquella vez
me bautizaron.
Fui yo el cronista,
bueno y malo,
resucitado hoy navarro,
en un rinconcito de Praga
en la esquina de tu calle.

Alimache,
acuestate en el deseo confiscado
y renace.
El amor siempre vuelve,
pero nunca viste el mismo traje.
Aun escucho el susurro en los adoquines
del imperio de los hijos del sol.
Aun escucho el temblor en los ladrillos
de una ciudad llena de torres.

Aun,
Alimache.
Mirando a Kaurismaki
desde las butacas.
Cenando con Dienzenhofer
en las poltronas.
Mirando a Arroyo
tras las efigies.
Celebrando a Salinero
el Día de muertos.
Asiendo un colibrí
junto al Cerro Huelén.

Aun,
Alimache,
siento las sombras
en los ochavos
de Kaaden la bella.

Alimache.
Soy trovador,
cuentista o mago.
Soy, cinco siglos después,
ante todo ladrón, testigo y vago.
Ensalso el pasado heroico
y el presente vano.
El ayer arcaico
y el extraño hoy mundano.
Enumero palmares y adjetivos
como sorbos de miel en las mañanas.
Pregono el poético escudriño
en el inicial anagrama
con que consagro y gano
todos los detalles sustantivos,
ilegales como la muerte de un niño.

Alimache,
Alimache,
es tu desorden
ayer raza y bastión,
hoy destierro y nave.

Alimache,
Me voy de aquí,
desarmo mi tienda,
pago mis deudas,
quemo los puentes.
Alimache,
me largo para siempre.