lunes 12 de noviembre de 2007

Eburum I (etimológicamente), Europa no se acaba nunca.

Cada vez que me pasa algo así, me refiero a lo que me pasó este fin de semana, me doy cuenta lo infinita que puede llegar a ser Europa. Europa no se acaba nunca, podría ser el título de un libro parafraseando al de Vila Matas. Con un poco de buen ánimo y tiempo, juro que algún día lo escribiré. Si es que alguien no me roba la idea antes (esas cosas pasan). El caso es que estube en Olomouc, en la ciudad mayor de la histórica región de límites difusos conocida como Haná. Como decía, y por razones de altísimos sentimientos, llegué este viernes recién pasado, por la tarde noche hasta Holomóc o Olomóc como dice la enciclopedia llamarse en el dialecto hanaco la que dice -la misma enciclopedia- fue la Eburum antigua. (Si yo fuera un "de la Serna" escribiría un libro titulado El etimólogo inverosímil y esto porque la palabra enciclopedia me induce a imaginarme a un cíclope, ahí con su única ventana, con su única mirada, pero también a imaginarme un paseo en bicicleta, paseo de aquellos que siempre nos hacen ver las cosas en movimiento, es decir nada definitivo..., pero bien esto no viene a cuento aquí). Hay una leyenda que explica una de las fontanas barrrocas de la Plaza Alta de Olomouc. La Fuente de César evoca al mítico fundador. Ese es el primer cuento de esta ciudad: la remota posibilidad de que Gaius Iulius Caesar haya fundado un campamento allí durante las guerras con los marcomanos, unos añitos antes de que el niño Jesús llegara a revolver el gallinero judío. El detallito es que parece que el César nunca andubo por esos lados, pues quien -al parecer- fue a arreglar cuentas con los germanos que habitaban esos barrios y que habían sido agrupados por un romano desertor llamado Marco -o sea el primer subcomandante Marco- fue su hijo adoptivo Druso el mayor, al cual se le amotinó y viró el tal Marco. Como quiera que sea, la fuente es muy hermosa y es una de las 8 fontanas de Olomouc la bella. En alemán es conocida como Olmütz. Se me ocurre buscar alguna razón etimológica pero inverosímil: Ol puede derivar de Alles, que es "todo" y Mütz puede tener algo que ver con Mütze que en la lengua teutona significa también algo así como una siesta. Como decía, de lo que se trata es de buscar lo inverosímil, puesto que si hay algo que me cautivó es aquella sensación de lentitud y tranquilidad que sólo nos dan los lugares donde la gente no sabe de stress, donde el silencio hace pensar que todos duermen una siesta y que se han puesto de acuerdo para que mi pareja -oriunda del lugar- y yo, pasiemos por las callecitas vacías antes y después de nuestras siestas privadas.
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Eburum II, en los próximos días...

1 comentarios:

ana martinez dijo...

Creo que la clave de todo está en las dos últimas palabras: "siestas privadas". Todo pueblo que sepa disfrutar de una buena siesta lleva intrínseco el encanto, el atractivo, el misterio, el brillo y en fin, la sensación de que allí se sentirá todo el mundo muy a gusto.

En realidad, yo pensaba hablar de siestas, pero si además son privadas..., pues, esteeeeee, que bueno, en fin, ya sabes...sé feliz