En el cuadrilatero íntimo
la carne se entrelaza bajo una cordillera roja.
De algodón y plumas es el orden de la noche.
La orquídea se dilata húmeda ante la hinchazón taurina.
Entonces eres delicioso y pegagoso anfiteatro carnívoro
donde el amor lácteo enuncia un nombre infantil,
el título de una calle, un número,
el detalle de un jardín en flor
con arboles donde cuelgan libros.
En la esfera chata que nos arrastra sideral,
la mañana es una confusión de anillos, lenguas y ojos.
De piel y temblor es el desorden del día.
El arado se endurece ante la tierra fértil.
Entonces soy peldaño, umbral y mampara de un castillo
donde la manivela erecta de la puerta espera tu mano.
En el ángulo cierto de la historia tú serás la diosa y yo el héroe.
jueves 8 de noviembre de 2007
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2 comentarios:
Muy bueno, de lo mejor que he leído en este blog. Felicidades por la inspiración, o por el buen hacer, o por lo que tú quieras.
El último verso es un peligro: los héroes casi siempre salen malparados en sus relaciones amorosas con las diosas.
saludos
Gracias Ana, cierto los héroes la pasan muy mal. Pero que otra queda, el amor con centímetros y minuteros de los mortales me abruma...
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