martes 13 de mayo de 2008

Romance de un pibe (escrito en 1987)

Empezás por ser ahora importante, algo como ser presidente de algo, haber roto un record nacional, ya sabés que sus ojos te miran; en silencio ha pensado en vos y ha dicho cosas de vos, te mirás al espejo como si estuvieras leyendo tu horóscopo y te lavás como si fueras una fruta; y caminás; como si nunca hubieras estado vacío, caminás con esa sensación de desigualdad, de hombre recién salido del horno, te sentís hombre-tesoro, hombre-aire, o sea algo importante; le echás mantequilla al pan como si escribieras un libro con el cuchillo...
Entonces ya no puedes morirte ni atropellado por una micro o de una bala en el centro de Buenos Aires; te imaginás como los libros -que se acumulan en el canasto junto a tu cama- se empezarán a empolvar, a llenar de reclamos, y por supuesto habrá, después de todo, que recurrir a actos de vanidad como barrer tu pieza o mandar a arreglar los artefactos sin uso...
Quizá alguna mañana el presupuesto reclame café y queso, cigarros y aire fresco. Entonces los domingos caminaremos del pasaje de mi casa a la calle y de ella hasta la plaza donde marchan las Madres. Algún acto responsable mientras se llenan las iglesias será leer el diario en el pasto, armando figuritas con las nubes, planear un almuerzo campestre o -más bien- plazestre. Habrá visitas al zoológico o al cine, ir a ver a algún familiar, o leer la materia para el examen del miercoles siguiente; o tal vez planear la vigilia por los últimos amigos muertos...
el coronel
(en cursiva correciones posteriores)