martes 6 de enero de 2009

Diario vietnamita

III

El organillo.

Desde hace unas semanas que nadie para de hablar de la crisis financiera. Otros ya no la mencionan con el mismo horror de días atrás y más bien han cambiado de adjetivo. La crisis es hoy económica. La etapa de los bancos a dado paso a la etapa de las fábricas. ¿Cuál es la otra étapa? ¿Hará aparición la etapa nacional? O ya casi.
Leo las noticias: revueltas antieslovacas en Hungría, revueltas antihungaras en Eslovaquia. Y aquí: enfrentamientos en Litvinov, al norte del país. Una horda de nacionalistas de extrema derecha, más conocidos como skins, marcha furiosa por un barrio gitano. La horda quema autos policiales, se enfrenta con la policia anti motines, amenaza, anuncia más marchas. El ministro del interior anuncia con su cara de marioneta y su risa forzada que mandará a disolver a los conglomerados racistas, que solicitará a la Corte Suprema la ilegalidad y prohibición de los violentos. El ministro Langer que usaba el pelo largo cuando era estudiante como símbolo de su disidencia toma la iniciativa días antes de la navidad en todos los frentes. Es enemigo de los extremos, es paladín de la justicia y un decidido titán del crimen organizado. Del crimen de los chicos, de los crimencitos. Lucha en todos los frentes. Uno de ellos es el frente vietnamita: junto a los restos humeantes del mercado vietnamita son rodeados con tanquetas y policías de choque aquellos escasos recintos que el fuego perdonó. El ministro Langer, dueño de la policía, como buen ministro del interior cumple sus amenazas. Los traficantes vietnamitas deben ser controlados. Un aparato llamado Inspección de Comercio Checa sale con grandes sacos de mercadería, sonríen, es navidad. Desde las afueras del mercado Saparia los vietnamitas observan a los cientos de Santa Klaus con sacos repletos de plagios, imitaciones y productos falsificados. Los vietnamitas sonríen. Unos dicen que el apellido del presidente es también Klaus, pero otro agrega que los regalos en Chequía los trae el Niño Jesús y que esos no son más que delincuentes con jinetas. Miro a los asiáticos en la televisión. Los ánimos nacionales se encienden en épocas de crisis y cuando el poder adquisitivo peligra, una redada contra el enemigo público número uno de los honestos y laboriosos comerciantes checos es bienvenida. La vida tiene sus vueltas y los ciudadanos vietnamitas que observan desde la vereda del frente son los descendientes de aquellos que un día sorprendieran en la Guerra de Vietnám con la Ofensiva del Tet. Así como a finales de enero de 1968 los soldados del Vietcong aprovecharon las festividades del año nuevo vietnamita para atacar a sus adversarios del sur, a los que suponían en plena fiesta, hoy los policías de aduana checos hacen lo propio. ¿Hay analogía posible en esto? Sólo Langer lo sabe. Pero aquella operación fue un desastre -militarmente hablando-, aunque no así desde el punto de vista propagandístico. El ministro Langer quizá lo sabe, quizá no.
¿Cuál es la configuración geográfica de los vietnamitas de Praga? Son del norte o del sur. ¿En cual de los bandos lucharon sus padres y abuelos?
Y ¿De parte de quién estará un día el hijo de Langer?
Y ¿En qué creen los vietnamitas de Praga?
¿Son budistas?
Y ¿Quién trae regalos en Vietnám? Pues, los vietnamitas que no están en Vietnám.