(El otro día, en el marco de nuestras tradicionales citas de los días lunes con mi amigo Iván Gutiérrez, a comer comida georgiana y conversar de una miscelánea de temas, siempre literarios, siempre musicales, surgió una conversación relativa a la necesidad de la crítica, de que alguien escuche lo que hacemos, la música en el caso de Iván, o lea lo escrito, en el caso mío. Hablábamos y buscábamos establecer la medida de aquella necesidad y su actitud. Nos decíamos que la crítica no debía ser un simple comentario y que debía ser fundada, debía siempre haber argumentos… Conversábamos respecto del tema de la recepción de la obra y la capacidad de uno como autor de aceptar las sugerencias… Por cierto no llegamos a ninguna conclusión acabada. Ante un amago de reproche, en que se ofrecía la alternativa de aceptar o no una crítica concluía la velada con una constatación. Aceptamos la crítica que identifica aquello que es débil y que hace disminuir el sentido de una obra, la aceptamos bajo la premisa de la diversidad y del reconocimiento de quien vierte la opinión…. Hablábamos de muchas otras cosas, de aquello que en alguna disciplina artística definía una obra en el marco de un determinado género como una obra genéricamente minoritaria, cuyos vasos comunicantes refieren a un tema y en un lenguaje minoritario, usábamos la palabra “funciona” o “no funciona”… Iván contaba una experiencia con músicos locales que le daban recetas musicales a la hora de tocar algo enmarcado en la tradición latinoamericana, hablábamos de los cánones receptivos de la música en un sitio y en otro y de aquello que la educación a veces pre-establece…. Hablábamos de una experiencia contraria, su experiencia, en una actuación en España, del valor de una sugerencia o comentario a la hora de venir de alguien autorizado, asunto que Iván ejemplificaba con una anécdota española, cuando le pidió a un tocador de cajón participación en una canción durante un concierto y cómo de aquello resultó un aporte a la hora de tocar ya que el tocador fue aun más allá y le hizo sugerencias nuevas que enriquecieron el tema…. Así, comiendo un plato de charčo, yo, y de espinacas con queso, Iván; rebañando nuestros respectivos platos con gruzinský lavaš nos adentrábamos en estos escabrosos temas… Finalmente yendo al tema de la literatura rematábamos la mini tertulia con la interrogante del lenguaje y la universalidad, yo le leía a Iván un texto de Urzidil, sobre el alemán de Kafka, que era un texto sobre el alemán de Praga y de su universalidad a comienzos del siglo XX, de su universalidad en comparación con el alemán de Alemania, una universalidad que tenía que ver con su escasa distancia entre la oralidad y la palabra escrita, algo que diferenciaba al alemán de Praga de las tendencias dialectizantes del alemán de otras partes, al menos en los años 10 y 20 del siglo pasado… Luego hablábamos de la lectura que había hecho Susan Sontag de Bolaño y la absoluta devoción que le había de inmediato demostrado y si no era algo en el lenguaje de Bolaño, quizá en el lenguaje de un itinerante, lo que le otorgaba las credenciales de universalidad… Bueno de todo eso hablábamos y finalizamos nuestra tarde de lunes hablando de un poema ejemplificador y a tono de Robert Frost…
Este poema:
For Once, Then, Something
Others taught me with having knelt at well-curbs
Always wrong to the light, so never seeing
Deeper down in the well than where the water
Gives me back in a shining surface picture
Me myself in the summer heaven godlike
Looking out of a wreath of fern and cloud puffs.
Once, when trying with chin against a well-curb,
I discerned, as I thought, beyond the picture,
Through the picture, a something white, uncertain,
Something more of the depths--and then I lost it.
Water came to rebuke the too clear water.
One drop fell from a fern, and lo, a ripple
Shook whatever it was lay there at bottom,
Blurred it, blotted it out. What was that whiteness?
Truth? A pebble of quartz? For once, then, something.
Después nos fuimos, guardé el libro de Alfredo Molano que Iván me prestaba: Desterrados, crónicas del desarraigo. Cada uno a nuestras respectivas casas, quedando de volver a vernos el próximo lunes….
Por la noche Iván me envió este texto de Borges:
No hay un escritor métrico, por casual y nulo que sea, que no haya cincelado (el verbo suele figurar e su conversación) su soneto perfecto, monumento minúsculo que custodia su posible inmortalidad, y que las novedades y aniquilaciones del tiempo deberán respetar. Se trata de un soneto sin ripios, pero que es un ripio todo él: es decir, un residuo, una inutilidad. Esa falacia en perduración (Sir Thomas Browne: Urn Burial) ha sido formulada y recomendada por Flaubert en esta sentencia: La corrección (en el sentido más elevado de la palabra) obra con el pensamiento lo que obraron las aguas de la Estigia con el cuerpo de Aquiles: lo hacen invulnerable e indestructible (Correspondance, II, pág. 199). El juicio es terminante, pero no ha llegado hasta mí ninguna experiencia que lo confirme. (Prescindo de las virtudes tónicas de la Estigia; esa reminiscencia no es un argumento, es un énfasis.) La página de perfección, la página de la que ninguna palabra puede ser alterada sin daño, es la más precaria de todas. Los cambios del lenguaje borran los sentidos laterales y los matices; la página "perfecta" es la que consta de esos delicados valores y la que con facilidad mayor se desgasta. Inversamente, la página que tiene vocación de inmortalidad puede atravesar el fuego de las erratas, de las versiones aproximativas, de las distraídas lecturas, de las incomprensiones, sin dejar el alma en la prueba. No se puede impunemente variar (así lo afirman quienes restablecen su texto) ninguna línea de las fabricadas por Góngora; pero el Quijote gana póstumas batallas contra sus traductores y sobrevive a toda descuidada versión. Heine, que nunca lo escuchó en español, lo pudo celebrar para siempre. Más vivo es el fantasma alemán o escandinavo o indostánico del Quijote que los ansiosos artificios verbales del estilista.
Ah y ojo con el Molano, no lo leas antes de dormir que te pueden dar pesadillas en technicolor.
Ivardo
P.D. Unos “bombonky” de Herralde y Einaudi, su tío italiano en el oficio editorial:
Herralde (de Opiniones mohicanas):
[...] aquellas mujeres que bajo su apariencia enjuta esconden turgencias sutiles, nutritivos placeres y muchas alegrías. [egregio concepto francés: fausse maigre] como las novelas de Javier Tomeo.
¿Conoces al tal Tomeo?
Einaudi (de Conversaciones con Giulio Einaudi):
Y aquí me viene a la memoria una frase de Calvino sobre Thomas Mann, escrita en el año 56: "Y bien, él comprendió todo o casi todo de nuestro mundo, pero asomándose desde la última barandilla del XIX. Nosotros miramos el mundo cayendo por el hueco de las escaleras".
Yo, sin entender a cabalidad el texto de Borges, le escribía yo a Iván:
Quedé dudoso con una parte del texto.. allí donde dice: El juicio es terminante, pero no ha llegado hasta mí ninguna experiencia que lo confirme, no debería decir que NO lo confirme? A qué juicio se refiere a la idea de juicio en general o a la oración anterior, que es un juicio...
A Tomeo ni en pelea de perros pero a Einaudi sí....
No te preocupes que cada día aprendo más a dormir.. Tengo Las mil y una noches en mi velador....
No te preocupes que cada día aprendo más a dormir.. Tengo Las mil y una noches en mi velador....
Borges habla de los que pretenden lograr la perfección, como Flaubert, que pasaba días escogiendo las palabras justas para armar una frase en una novela. O Góngora. Ese tipo de gente cree que la perfección formal es el sumum bonum y los hará inmortales, tal como si se hubieran zambullido en el río Estigia. Pero Borges dice que el no tiene experiencia --ni de la perfección, ni de la inmortalidad que brinda el Estigia--.
¿Por qué que NO lo confirme? En ese caso estaría de acuerdo con Flaubert y compañía.
Pues eso.
Y ahora a trabajar.
Yo acoté en el mail siguiente:
Es curioso, es que con la información que me dabas yo leía otra cosa. Pero leyendo ahora bien, me doy cuenta mejor. Es que recordaba nuestra conversación sobre la necesidad de corrección y en ese espíritu leía ese texto. La palabra cincelar me olía a corrección. Ahora me doy cuenta de la ironía, pues en la primera línea es hasta que anota la palabra “minúsculo” cuando recién se deja entrever otra intención... luego “ripio todo él”. Me sorprende con esto Borges, imaginaba su genialidad en una búsqueda de expresión, ahora se me aparece más genio aun, pues se asoma su genialidad como algo en él -hasta se podría decir- espontáneo... Yo siempre he sentido cierta atracción por la Gestalt, pues nos ofrece siempre un espacio para la imaginación, una área no explícita, eso que algunos hermenéuticos definen como las ranuras por donde una observa una obra y le da una interpretación distinta a la que le da otro observador... Si llevamos esto a lo que dice Borges, entonces allí donde hay algo -digamos- imperfecto, es aquello quizá lo no cincelado, no acabado, no pulido y quizá hasta no corregido que ofrece más de una posibilidad en su aspecto formal... lo cierto es que me parece que hay que aclarar bien a qué tipo de corrección o crítica entonces nos estábamos refiriendo durante la cena....
Voy a compartir esta conversación con otros, es un buen tema...
Y por eso entonces este post……)

1 comentarios:
Lo que debes decirle a Iván Gutiérrez, de mi parte, es que se una a vosotros en los encuentros literatureros. Creo que Iván es una pieza imprescindible como escritor de letras y compositor, y sobre todo como conversador y persona muy inclinada a la literatura, por no decir que tengo constancia de sus escritos, no solamente de sus letras...
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